Se ha abierto el grifo de las muertes por amianto en la Armada española. Las denuncias por negligencia han comenzado a llegar al Ministerio de Defensa, que ya ha tenido que indemnizar a las familias de dos militares y de un empleado fallecido por esta causa
Las tripas del buque Leary estaban destrozasdas pos las batallas de la Segunda Guerra Mundial. Pese a los remiendos y a los miles de millas que jalonaban su impecable historial, el gobierno de Richard Nixon cedió el destructor, el 1 de noviembre de 1973, a la Armada española, que lo rebautizó como Lángara, en honor marino homónimo del siglo XVIII. La entrega se efectuó en la base naval de Norfolk (Virginia, Estados Unidos), la más grande del mundo. Hasta allí había llegado el subteniente Manuel Vila, gallego, de 41 años, mecánico del Cuerpo de Máquinas de la Armada, quien tenía la misión de poner a punto el Lángara y llevarla a España.
La rehabilitación del destructor duró semanas. Mecánicos, electricistas, tuberos y soldadores pasaron días y noches trabajando en la sala de máquinas del Lángara, inhalando las partículas de amianto que desprendían las tuberías al ser desforradas y el cordón de las válvulas al ser seccionado. Las fibras del amianto eran como copos de nieve. Las salas de calderas de los buques quedaban blancas después de esos trabajos. Siempre había sido así, y la tropa y los suboficiales no le daban importancia. Nadie les había dicho que el amianto o asbesto es muy tóxico y que sis partículas se clavan en los pulmones: en eso consiste la asbestosis. El amianto también provoca algunos cánceres, sobre todo de pulmón y de pleura. En l caso del subteniente Vil fue un adenocarcinoma pulmonar (un tipo de tumor) lo que en 2008 acabó con su vida.
El amianto parece el material perfecto. De origen mineral, es ignífugo, aislante y maleable. Es barato y fácil de obtener. Mezclado con cemento se obtiene fibrocemento.
Descarcati fisierul original: La armada española no somete a control médico a los militares.pdf
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