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¿COMO HAY QUE ACTUAR EN SITUACIONES DE CRISIS? (LA IMPORTANCIA DEL MOMENTO Y EL MODO DE RESTRUCTURAR LA EMPRESA)

Publicado el 8/9/2008

Las circunstancias en las que se están viendo las empresas ante las vicisitudes que vive el mercado español les están obligando a buscar alternativas de viabilidad a causa de la falta de la liquidez necesaria para hacer frente a sus pagos regulares. Todas ellas están viendo en un muy corto espacio de tiempo -en algunos casos de repente- como se reducen sus contratos con los clientes, como tienen que soportar una estructura sobredimensionada para la actual coyuntura, como comienzan a impagarse sus facturas y, sobre todo y como consecuencia de ello, como sus bancos reducen drásticamente el riesgo limitando, sino bloqueando, su tesorería. Es en este momento cuando se comienzan a palpar de cerca esas dificultades y, al fin y a la postre, cuando se han de plantear alternativas viables para la continuidad de la entidad, porque, al margen del mandato legal al que luego haré referencia, la salvación de la empresa depende de cuándo y cómo se haya planteado la situación y cuándo y cómo se conoce la insolvencia inminente. Y es en este mismo instante cuando el empresario se pregunta -y preocupa- qué hacer, cómo proceder y cuándo. La respuesta la establece la Ley aplicable, tanto la de sociedades mercantiles, bien sea de anónimas o de responsabilidad limitada, como la Ley Concursal: aportar bienes, disolver la Compañía y en este último estado presentar el concurso de acreedores en los diez días siguientes a aquel en que hubiera conocido su insolvencia. Y las consecuencias de ello también se regulan en dichas leyes: la responsabilidad personal de los administradores de las empresas que no procedan de este modo en el plazo máximo de dos meses. Precisamente por ello y partir de ahora se está dando una avalancha de dimisiones en masa de consejeros y altos directivos de empresas que no toman la decisión en plazo ("muchos consejeros independientes, externos o dominicales van a obligar a propietarios de empresas que están dilatando el concurso por cuestiones de reputación a que la sociedad se acoja a la vía concursal para eximirse de eventuales acciones de responsabilidad civil en la que pudieran incurrir", indican diversos expertos). Por todas estas razones, coyunturales y legales, se está asistiendo a una multiplicación de procedimientos concursales, que seguramente triplicarán los presentados en el último año. En este momento de la economía española se comprueba que el empresariado español que está concienciado de la situación y de sus obligaciones no parece, sin embargo, muy propenso a solicitar el concurso confiando en que las circunstancias cambien, cuanto menos sus bancos de “toda la vida” le sigan ayudando, so pena de dejar transcurrir ese plazo e incurrir en enormes riesgos. Y se muestra reacio porque tiene todavía en mente las consecuencias que para la empresa ha tenido la aplicación de la Ley de Suspensión de Pagos de 1922, obviando el principio básico sobre el que se asienta la nueva Ley Concursal cual es proteger a la empresa en modo y forma suficiente para lograr su continuidad y evitar su desaparición. Es decir, que al margen de que la empresa cumpla la Ley y sus administradores protejan sus responsabilidades en situaciones coyunturales completamente ajenas a su propia gestión existe la posibilidad de salvar la empresa del cierre a través del procedimiento concursal Para ello, y como dije al principio, debe afrontarse el problema antes de que se produzca y de este modo presentar el concurso siendo solventes pero conociendo que se han producido, o en un futuro inmediato se producirán, circunstancias que abocarán a la insolvencia provisional y pasajera; de este modo se habrá actuado como diligentes comerciantes y se habrá puesto la primera piedra para salvar la empresa. En tal escenario, la declaración de concurso en el momento oportuno puede propiciar, con las garantías legalmente establecidas a favor de acreedores, el umbral de rentabilidad para afrontar el futuro con garantías de continuidad. Pasado el momento oportuno ni tan siquiera la declaración de concurso podrá salvar la continuidad de la empresa. En muchas ocasiones, se tienden a olvidar los mecanismos que la Ley Concursal ofrece para sanear y reestructurar una empresa. De hecho, un convenio concursal puede ser una eficaz arma de reestructuración que permite hacer planteamientos inimaginables fuera del mismo, tales como reestructuraciones de deudas, quitas y aplazamientos sin intereses, capitalizaciones de deuda. El resultado puede ser una empresa saneada y en perfectas condiciones para afrontar los nuevos tiempos. Parece por tanto lógico que el primer consejo que hay que darle al empresario que sufre tensiones de tesorería, actuales o inminentes, o constata una disminución importante y continuada en su demanda de producción o servicios es el de plantear la salida concursal. Ahora bien, el segundo consejo ha de ser de orden estratégico pues transcurridos tres años desde la entrada en vigor de la Ley Concursal se aprecia que muchas Sociedades acuden al procedimiento tarde y sin una línea concreta de actuación porque no lo han hecho antes mal podrán hacerla después por las propias limitaciones que impone el proceso: las limitaciones a las facultades patrimoniales sujetas a la intervención de los administradores concursales (art. 40); la necesaria autorización del juez para enajenar o gravar los bienes que no son propios de la actividad (art. 43); la necesidad de atender a los pagos de los créditos postconcursales según su vencimiento (art. 154); y sobre todo el clima de desconfianza que se genera entre los agentes relacionados con la actividad empresarial: trabajadores, proveedores y acreedores diversos, bancos y clientes. Como consecuencia de ello, al tiempo de solicitar el concurso debería haberse establecido esa estrategia y, en la medida de lo posible, haberse preparado un plan de viabilidad a presentar a los acreedores (o en su caso de liquidación). Dentro de dicha estrategia es fundamental también tener prevista la gestión del negocio durante el procedimiento concursa: previsible pago al contado de las adquisiciones de bienes y servicios, dificultades en las relaciones con las entidades de crédito, sujeción a la aceptación de las operaciones de administración y disposición del patrimonio por parte de la administración concursal, desmotivación probable del personal, desconfianza de la clientela, etc. Circunstancias todas ellas que es seguro se estarán produciendo incluso antes de instar ese procedimiento concursal. En definitiva, y sin soslayar una de las principales causas que explican el fracaso de la Ley: la falta de percepción por parte de muchos empresarios de que el concurso de acreedores es una útil y eficaz herramienta para asegurar la supervivencia de las empresas en épocas de crisis, y no un simple mecanismo de liquidación, es conveniente que la decisión de solicitar la declaración del concurso se adopte en su debido tiempo, y no cuando la situación económico-patrimonial de la compañía se ha deteriorado de tal forma que hace inviable la continuación de su actividad pues ello permitirá sin duda un margen de maniobra muy superior a la hora de poder negociar un buen convenio y asegurar la viabilidad futura de la compañía Fdo. José PajaresPresidente de la Comisión de Insolvencias de la Unión Internacional de AbogadosSocio-Director de PAJARES & ASOCIADOS ABOGADOS DESDE 1958, S.L.

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